Como el gato y el ratón (cuento)

Empieza noviembre, el mes más triste siempre.
Y nosotros jugando al escondite, como el gato y el ratón, entre penumbras de la tarde que cae de bruces sobre la ventana de mi habitación. Y vuelve al amanecer prematuro de cada día, buscando el día que aparece inmenso. Pero que, a media tarde, se hace efímero.
Y así cada día.
Te quiero, le dice el ratón. Mientras que el gato solo piensa en echarlo de su casa.
Sería posible que, mientras dormita en el sofá, eché de menos el juego de caza con el ratón.
Mientras, este desearía dormir junto al gato, tranquilo, para después jugar aquí te pillo al atardecer.
Y asustarse, tan pequeño, al doblar la esquina del pasillo, y ver los ojos grandes de un gato tremendo.


Opinión.- STOP THE WAR

(Escribía en 2022)

Destaca en el sector entretenimiento y la información el altísimo consumo de guerras sangrientas, especialmente en los últimos años, que produce elevados niveles de audiencia. 

Nadie se acuerda ya de la guerra de Siria. (306.887 víctimas, según Derechos Humanos de Naciones Unidas en 2022). Siguen contando…

Y pierde relevancia la guerra de Ucrania. (Más de 500.000 bajas estimadas entre los dos bandos, incluido muertos y heridos). No se ha cerrado aún el conflicto…

Recientemente enfrascados en la de Israel y Hamás. ( 31.000 muertos o heridos entre ambos contendientes, 3.000 de ellos niños, cuenta la prensa). No tienen ganas de parar … 

Causa pavor cual pudiera ser el evento de la próxima guerra. 

Porque esto crea adicciòn. 

¿Desinteresados por la PAZ? 
IMPORTAN LAS PERSONAS

STOP THE WAR 

STOP THE WAR

Insomnio

Con solo tres horas de sueño,
siempre llego tarde al amanecer.
Perdido en recuerdos recientes,
que no me dejan de querer.

No me lo traje todo.
Atrás, dejé lo más importante.
Dejé tus abrazos,
las manos entrelazadas paseando,
la vida compartida, los viajes
también los dejé.

Demasiado silencio
fría distancia
para tanto vivido,
tanto compartido.
Tanto por querer.

Quiero volver,
le dijo a la Luna
el Sol al Amanecer.

Hoy no

Hoy que el mundo no es redondo, 
que la brisa nunca sopla en el mar.
Hoy que las lágrimas se secaron,
que no veré las estrellas nunca más.

Hoy que ya no miro la luna,
que las flores no tienen color,
que no siento como a ti a ninguna,
que tengo cerrado mi corazón.

Hoy que el viaje no lleva a ningún sitio,
que la lluvia desbordará,
que los planes son de fuga.
Si tengo que ir solo, no será.
...Hoy no.

¡QUIERO!

Ojalá nos viéramos         pronto
Ojalá tú sonrisa            feliz
Ojalá habláramos       tranquilos
Ojalá tener tu abrazo       lento
Ojalá cómplices          de nuevo
Por que te Quiero         a morir
¡Quiero!

Ojalá me escucharas
Y se parara este silencio
Desapareciera la distancia
El daño que nos hicimos
se quedara en nada.
Por qué te Quiero.
¡Quiero! 

Una mosca

Cumpliendo la tarea me paso la tarde sentado en mi banca donde en la mañana estaba rodeado de compañeros. Ahora, sin embargo, en la soledad más absoluta.
Ya terminé la hoja de calculos que me asignaron.
Para entretenerme imagino que los números aparecen por alguna razón literaria.
Así, como en toda historia, hay buenos (1, 2, 4, 5, 6, 8 y 0) y malos (3, 7 y 9) . Cuando la operación que me toca hacer va arrojando la cifra en su columna de unidades, decenas, centenas, … según avance, voy inventando una batalla donde aparecen malos y buenos en el resultado.
En toda historia siempre hay buenos y malos. Y me fui dando cuenta que los malos sumados a otros, buenos y malos, arrojaban cada vez un resultado. Dos malos
resultaban en uno bueno. Buenos y malos unidos resultaban unas veces una unidad buena, y otras una mala.
El resultado incierto a priori, se resolvía aplicando las matemáticas correctamente, apareciendo la cifra en cada columna.
Mirando con desgana las operaciones, se me ocurrió que apliqué una norma injusta designando a los números un adjetivo de bueno o malo por simpatía. Y que asumí ese criterio como ley.
Pero era un prejuicio. Ya que los números iban apareciendo secuencialmente según aplicaba las matemáticas.

Igual que en la vida, pensé. Asignamos valores a personas que desconocemos por simpatías, empatías o rechazos.

El vuelo de una mosca gigantesca me sacó de esta discusión.

De color negro, volaba chocando tozudamente contra los cristales de las ventanas cerradas, en un intento inútil de escapar al patio.
Yo también quería salir, pero debía esperar a que vinieran a buscarme para liberarme de este encierro.
La mosca seguía con su ruidoso vuelo. La seguí con la mirada sin levantarme de mi sitio. Y creo que me descubrió, porque de pronto viró y pasó rozando mi cabeza.
Me asusté. Ahora no me giraba para mirar. Sólo la seguía por el ruido de su vuelo. Y de reojo, si estaba en mi campo visual, la observaba con disimulo. Se que me miraba con sus ojos oscuros.


Siguiendo el vuelo de una mosca agoté el tiempo de esta espera.
Siguiendo el vuelo de una mosca, vinieron a buscarme a este aula de escuela.
Siguiendo el vuelo de una mosca, cerca de cumplir los seis años.