¡QUIERO!

Ojalá nos viéramos         pronto
Ojalá tú sonrisa            feliz
Ojalá habláramos       tranquilos
Ojalá tener tu abrazo       lento
Ojalá cómplices          de nuevo
Por que te Quiero         a morir
¡Quiero!

Ojalá me escucharas
Y se parara este silencio
Desapareciera la distancia
El daño que nos hicimos
se quedara en nada.
Por qué te Quiero.
¡Quiero! 

Una mosca

Cumpliendo la tarea me paso la tarde sentado en mi banca donde en la mañana estaba rodeado de compañeros. Ahora, sin embargo, en la soledad más absoluta.
Ya terminé la hoja de calculos que me asignaron.
Para entretenerme imagino que los números aparecen por alguna razón literaria.
Así, como en toda historia, hay buenos (1, 2, 4, 5, 6, 8 y 0) y malos (3, 7 y 9) . Cuando la operación que me toca hacer va arrojando la cifra en su columna de unidades, decenas, centenas, … según avance, voy inventando una batalla donde aparecen malos y buenos en el resultado.
En toda historia siempre hay buenos y malos. Y me fui dando cuenta que los malos sumados a otros, buenos y malos, arrojaban cada vez un resultado. Dos malos
resultaban en uno bueno. Buenos y malos unidos resultaban unas veces una unidad buena, y otras una mala.
El resultado incierto a priori, se resolvía aplicando las matemáticas correctamente, apareciendo la cifra en cada columna.
Mirando con desgana las operaciones, se me ocurrió que apliqué una norma injusta designando a los números un adjetivo de bueno o malo por simpatía. Y que asumí ese criterio como ley.
Pero era un prejuicio. Ya que los números iban apareciendo secuencialmente según aplicaba las matemáticas.

Igual que en la vida, pensé. Asignamos valores a personas que desconocemos por simpatías, empatías o rechazos.

El vuelo de una mosca gigantesca me sacó de esta discusión.

De color negro, volaba chocando tozudamente contra los cristales de las ventanas cerradas, en un intento inútil de escapar al patio.
Yo también quería salir, pero debía esperar a que vinieran a buscarme para liberarme de este encierro.
La mosca seguía con su ruidoso vuelo. La seguí con la mirada sin levantarme de mi sitio. Y creo que me descubrió, porque de pronto viró y pasó rozando mi cabeza.
Me asusté. Ahora no me giraba para mirar. Sólo la seguía por el ruido de su vuelo. Y de reojo, si estaba en mi campo visual, la observaba con disimulo. Se que me miraba con sus ojos oscuros.


Siguiendo el vuelo de una mosca agoté el tiempo de esta espera.
Siguiendo el vuelo de una mosca, vinieron a buscarme a este aula de escuela.
Siguiendo el vuelo de una mosca, cerca de cumplir los seis años.

MOLDAVIA

Cuento de Sultana de Istambul

Arrinconado en una pequeñísima casa en el barrio portuario, lo único bueno es que en mi ventana está el Prut, casi desembocando en el gran Danubio, única salida rápida de este lugar extraño. Y el escape natural para mis sueños.

Tras casi dos meses sin recibir noticias de mi Reina, supongo que se marchó de vuelta a Istambul, dejándome abandonando aquí a mí suerte.
Entiendo que sus intereses la obligan a emprender esta vuelta. Y que quiere protegerme de las intrigas. La política cada vez se me hace más incomprensible.

Las batallas, sin embargo llevan otras estrategias. Y requieren de una fuerza que ya no poseo.
Quizás por eso me siento absolutamente desplazado, fuera de lugar. Sólo alimentando mi desánimo y mi tristeza.

No me quedaré mucho más tiempo aquí, resistiendo. Sin duda volveré a casa. Aunque está decisión me costaría la vida.
Pero seguir como extranjero cada día, ahoga todas mis esperanzas.

Viajar está bien. Conocer ciudades y paisajes nuevos. Aunque lo mejor sin duda es siempre volver a tu hogar.
Nunca podré acostumbrarme a ser apátrida. Nunca mientras pueda oler ese mar Negro cercano.

Una vez más

Cuento Sultana de Estambul

Una vez más, me arrastro hacia ti,
mi Sanadora,
con el peor de los presagios:
tú rechazo.

Una lágrima asoma
en el último rayo de la puesta de sol,
el cielo enrojecido,
desde tu ventana al horizonte.

Me prometí ser tu príncipe azul,
y sólo conseguí ser
el Capitán de tu guardia.

Vestido de fracaso,
siento que de alguna manera te perdí,
Princesa Sultana.

En tus ojos, frente a mi,
la distancia.
Los abrazos son una tregua breve
entre guerreros.

El estruendo y las llamas
de la gran guerra,
hacen imposible sobrevivir a este amor.

¿Que más puedo pedir,
si no quiero huir,
y permanecer aquí
será mi muerte?

FELICIDAD

La felicidad no es un estado de ánimo, ni siquiera una situación vital.
Puedes encontrarte con ella, descubrirla. Pero será un instante necesariamente fugaz.

La «otra’ FELICIDAD, la duradera, se crea. Se siembra, se riega, se cuida, se mima y se ama.
Puedes descubrirla en alguien especial, en su mirada. En una puesta de sol, un amanecer, en la luna reflejada sobre el mar. En los amigos verdaderos, en tu familia refugio, que siempre está. En la alegría. En la armonía y la paz.
Y hacerla parte de tus creencias.

También se destruye. Y se pierde.

Y es un horror, porque cuesta mucho encontrarla.

Os deseo toda la FELICIDAD.

Perdone que les escriba.

TESORO

Los secretos mejor guardados.  
El tesoro imposible de  descifrar.
Escondidos donde nadie lo piensa.
A la vista de cualquiera.
Inmensa y cercana.
Allí entierro mis sentimientos,
mis perdidas y mis anhelos.
Sueños de amar.
En su figura me baño con reflejos de plata.
En el espejo del mar me embriaga.
Me viene a buscar
cada 29 días y 13 horas, o así.
Entonces se abre de par en par
a la noche, como una dama flor.

LA LUNA LLENA